|
Viñetas de la Semana Santa viveriense    Por Victorino Cobas Garcia - C. de la Real Academia Gallega  La devoción de los pueblos lleva siempre pegada en su corazón su modo de ser y de pensar: el alma popular. Por eso cada región siente a su manera, y reza con su lenguaje, exÂpresión viva de su espÃritu. Las fiestas navideñas de América no tienen el arrebujo hogareño de nuestra Nochebuena: el escenario es distinto, nuestra tradición mas añeja, y la devoción mas profunda. España es un mosáico que vaÂlora de muy diversa manera el misterio de la Pasión. Desde los autos de Lucas Fernández hasta las saetas andaluzas hay mas distancia que entre una Semana Santa de Castilla a las representaciones de Obermengain. Ahora bien; yo no sé porqué faltan en nuestro Norte las buenas soleras de Semana Santa: Castilla, Levante y AndalucÃa se han levantado con la exclusiva. Frente a ellas hay una Semana Mayor, auténtica, con sello personal y enmarcada en la región gallega: la del pueblecito de Vivero Vivero lleva su verdadera devoción en los dÃas de su Semana Santa. Su seriedad caracterÃstica no le permite el jolgorio de los desfiles procesionales de la AndalucÃa bulliciosa. Vivero se recoge en la penumbra y en el silencio, para meditar. El Domingo de Ramos pudiera decirse que es la última campanilla de plata que recoge la alegrÃa pueblerina en la procesión infantil y triunfal que sale de la parroquial de Santiago. La tarde es ya cárdena y amoratada, por la mirada del EcceHomo que pasea la   estrechez de las calles pinas y empedradas    El alma de Vivero,  delicada y sentimental, se vierte penitente en el magno VÃacrucis del Miércoles Santo. Y solo un grito de penitencia resuena en la noche silenciosa y precursora de la grandiosidad del Jueves EucarÃstico.Pero no son las imágenes, ni los desfiles procesionales los que hacen interesante la Semana Mayor vivariense: es su ancestral historia cuajada en solera; es la piedad y devoción, es el pueblo penitente en rogativa, el Sagrario visitado por almas que saben senÂtir, la comunión de hombres del Jueves Santo... y hasta las personas mas tibias, que en esos santos dÃas sienten como los buenos y adoran las llagas del Crucificado.Y esto es todo para el verdadero cristiano. La devoción de los pueblos lleva siempre pegada en su corazón su manera de ser y de pensar. Al jolgorio sevillano y al grito levantado en las ventanas de la noche, yo prefiero la sencillez de la Semana Santa vivariense, donde se llora en silencio, las almas acompañan al dolor en el recogimiento del templo, y los corazones se abren en la estrechez de las callejuelas para dejar paso a la Dolorosa en una noche de soledad infinita     Â
|