| Pregón 1955 |
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Ciudad de la pasión    Luz Pozo Garza - Libro Pregón de 1.955  ¡Ay, el dolor sin regreso, Dolor de Semana Santa por las calles de Vivero! Toda la ciudad parece Sentir ternura de huerto. El aire, todo de luto, ¡Ay, corazón de Galicia, En las calles antiquÃsimas,  ¡Campesinos de los valle, ¡Ay ciudad de tradiciones El aire, de tanta pena, ¡Ciudad de las cuatro puertas,
¡Ay, el dolor sin regreso,
Vivero, es en efecto, ciudad pequeña, pero  de  Semana  Santa  grande, en el sentido propio de exceder en importancia a lo común y regular; el número de actos religiosos que celebra y en  la  intensidad  espiritual con que los vive. DirÃase que más que vivirlos,  comulga  con  ellos,  por  su unión Ãntima  y devota  con la Pasión que rememora. Muchas veces y en diversos pueblos, sus respectivas Semanas Santas se organizan en función de atracción o de turismo. En Vivero tal finalidad no es excluyente  y  ni siquiera  importante. Sobre ella y muy por encima de ella,     se evocan los tormentos y la muerte de Jesucristo, en ejercicio de penitencia, No hay en Vivero entonces, un sufrir fÃsico, innecesario desde que todas las CofradÃas religiosas españolas sustituyeÂron con los Hermanos de luz a los Hermanos de sangre, pero se padece moralmente, por la absoluta identificación con lo que vive y representa, llenándolo de arrepentimiento y propósito por toÂdos los rincones del alma y de cánticos y oraciones, por todos los rincones de la ciudad. Porque reza asà y reza mucho, soporta risueñamente Vivero, con esa alegrÃa peculiar que le caracteriza, la aflicción de revivir el Drama de Jesús. Sabe que, en fin de cuentas, sólo cuanÂdo falta la oración, el dolor es agrio y duro. Por eso, los vivarienses en Semana Santa, convierten su ciudad en templo y sus calles y plazas en lugares de culto público a la Divinidad. En este orden, yo no podré olvidar nunca, cuando miré la dulce belleza de la rÃa dormida, el reflejo de aquél rosario de puntos luminosos de que eran portadoras, en la noche del Viernes Santo del año pasado, todas las señoras y señoritas de Vivero, acompañando a la Cruz desnuda. La lema de nuestra cofradÃa, y aún de los hombres... Que otro serÃa el porvenir de las almas, si todas pensáramos en ser «siempre más y siempre mejor», en nuestras bondades, en nuestra devoÂción, en nuestra caridad, en nuestro amor a la patria y a la familia .. Asà fue, bajo ese lema, como se hizo nuestra cofradÃa, y asà sigue laboÂrando, «siempre más y siempre mejor», y del entusiasmo de un grupo de devoÂtos, nació un dÃa la cofradÃa del SantÃsimo Cristo de la Piedad de Vivero, con medios escasos, pero con tesón y fe, que todo lo pueden, y asÃ, cada año más y cada año mejor, fue perfeccionando sus procesiones, enriqueciéndolas, dándoles valor y solera, todo ello sin olvidar la primitiva aspiración ya satisfecha de que la imagen titular figuÂrara en la parroquia, para recibir culto, en marco adecuado.Yo recuerdo, siempre con agrado, aquella primera vez que contemplé desÂfilar ante mi casa las procesiones de la cofradÃa; tenÃa entonces la retina llena de mis procesiones levantinas y, pese a ello, me agradó el estilo, la calidad que latÃa dentro de todo aquello, y pronÂto me dejé atraer y me sumé con entuÂsiasmo al benemérito grupo de vivarienses autores del milagro, y fui uno más entre ellos, y aporté mi modesta y ferÂvorosa colaboración y gocé con ellos al ver como nuestra cofradÃa iba cada año a más y mejor. Hermanos cofrades de la Piedad, cuando este año, en la solemnidad del Viernes Santo, lancéis a la calle la maÂravilla de vuestro desfile religioso, no dudad que yo, en espÃritu, estaré con vosotros, que os acompañaré en el claustro de S. Francisco a organizar el complicado desfile, y que luego a lo largo del recorrido de la procesión, andaré como una sombra, vigilando, celando, porque todo funcione, penÂdiente del orden, de la luz, de la devoÂción, y que, luego, mi voz lejana se unirá a la vuestra en una salve de acción de gracias, y seré uno más a pedir, que la fe y la ayuda de todos sigan permitiendo que la cofradÃa vivariense del SantÃsimo Cristo de la Piedad, siga firme en su leÂma de «SIEMPRE MAS Y SIEMPRE MEJOR». |