| Pregón 1957 |
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La cruz Procesional de Santa Maria del Campo  Entre las joyas que se guardan en las iglesias vivarienses, merece destacarse,—por su riqueza y valor artÃstico,—la magnÃfica Cruz Procesional de Santa MarÃa del Campo, una de las más hermosas de Galicia. Fue labrada en el siglo XVI-y restaurada en dos ocasiones: la primera en el siglo pasado, por un platero llamado Corujo, que hizo el nudo, imitando otro antiguo, y la última en los primeros años del siglo actual, por un artista aragonés, que residió algún tiempo en Vivero. La Cruz Procesional de Santa MarÃa del Campo es flordelisada, con follajes platerescos, de brazos casi iguaÂles, sobre nudo exagonal apoyado en un tronco de piráÂmide, también exagonal, el nudo está formado por dos cuerpos arquitectónicos, con vanos semicirculares de triÂple ajimez, y torreoncillos cilindricos en los ángulos, terÂminados por capiteles cónicos, agudos, y coronados ambos cuerpos de fina cresterÃa ojival; el cuadro central está guarnecido por la misma cresterÃa y tiene cuatro queruÂbines en las esquinas; en el anverso lleva el Cristo, clavado con tres clavos, y en el reverso, la Virgen, con corona floreada, de pie, con el Niño desnudo. Veamos quien fue el autor de esta verdadera filigrana del arte plateresco. Terminada la cruz, se personó Pedro RodrÃguez Blanco en Vivero y el dÃa 29 de Mayo de 1562, requirió a Juan Ares Vizoso, para que la recibiese, pesase con él y le abonase la hechura y la plata, que habÃa añadido a la entregada. Lope de Veiga procedió a pesar la cruz de esta maneÂra: el pie pesó "quince marcos e dos onzas e media e más un real", equivalentes a poco más de tres kilogramos y medio; "los brazos y Cristo e Maria y otros llanos e rotulo con sus cuadrados" pesaron "diez marcos y seis onzas" o sea: algo menos de dos kilos y medio, y el total de la cruz pesó "veinte y seis marcos u cinco reales", que son seis kilogramos corridos. La plata de la cruz estaba contrastada, en el pie y aspa, con i la marca de la ciudad de Lugo, por Juan Gontariz, persona nombrada para contrastar la buena plata en dicha ciudad, y sellada también por Pedro RodrÃguez Blanco. Juan Ares Vizoso y Alvaro de Labrada hicieron al plaÂtero la observación de que el pie o nudo de la cruz, que era "todo entero clavado y no se podÃa desclavar sin hacer mucho daño en la dicha cruz y pie de ella", pudiera contener cobre u otro metal inferior a la plata, pero a esto contestó Pedro RodrÃguez Blanco "que no llevaba otra cosa sino toda plata y la clavazón y todo", y para seguridad de ello comprometió sus bienes y rentas, obligándose a pagar las costas y daños, en el caso de que se hallasen en la cruz otros metales que no fueran plata, y con esta condición la cruz fue recibida por los mencionados señores en nombre de todos los feligreses. De la honradez y competencia de Pedro RodrÃguez Blanco, podemos juzgar por el hecho de que dos años después, el 13 de Noviembre de 1564, se le encargó otra cruz para la iglesia de Santa MarÃa de Viveiró (Muras), imponiéndole la condición de que "la aspa será como la de la cruz de Nuestra Señora de la villa de Vivero" y se le abonarÃa por la hechura de la misma a razón de treinta y cinco reales por cada marco de plata. |