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Semana Santa en Vivero    Antonio Garcia Mato  En el ámbito múltiple y variado de la ancha geografÃa española floÂrece de año en año, a modo de exuberante, primavera espiritual, la piadosa y "emotiva conmemoración de los .grandes misterios de la Redención. Calaron estos muy hondo en el alma nacional. Y en las principales solemnidades del calenÂdario litúrgico brotan por doquier vigorosas manifestaciones de piedad. Ofrécense asà con riqueza de modalidades y matices que reflejan la indiosincracia de cada región y cada pueblo, dentro de un fondo común de viva religiosidad. DÃgase lo que se diga, el mismo respeto y admiración merece la Semana Santa andaluza, cuajada de flores, seda y pedrerÃa, esplendente de luz, con el agudo acento penetrante de las saetas, que la Semana Santa castellana, impregnada de la austera gravedad de la meseta, sobria y solemne, con el desfile impresionante de sus pasos en que el arte logró la más alta expresión patética. Ambas son reflejo y trasunto de recia personalidad colectiva, propia y distinta, forjada paulatinamente Por la influencia de un cielo y una tierra diferentes, de un paisaje y un ambiente peculiares. Dentro de ese marco general  y grandioso de la Semana Santa española, Vivero se ufana legÃtimamente de su preciada aportación   tradicional,   que   le   otorga Preeminencia distinción entre los pueblos de su rango. También aquà afloró, con expresión y acento caracterÃsticos, la rica vena humana, religiosa y social del pueblo vivariense. Todo eso encierra y representa su Semana Santa.Hay en ella honda y conmovedora vibración humana de fina sensibilidad, Que sabe captar, asiÂmilar y vivir el significado y la grandeza de los misterios; hay fuerte solidaridad de amplia dimensión y resonancia social que funde las almas para pensar ,sentir y orar al unÃsono;    hay un hálito de acendrada espiritualidad que lo envuelve y lo invade todo: el dÃa y la noche, el hogar y la calle, la iglesia y la plaza. . DirÃase que toda la Ciudad se constituye templo, recinto saÂgrado, animado por la presencia constanÂte y fervorosa de la muchedumbre, que ora y medita, escucha atenta la palabra de Dios, se asocia al desfile solemne de las procesiones o contempla absorta desde las altas tribunas de balcones y galerÃas el deÂsarrollo y proceso del rito tradicional. Ahà está redivivo el espÃritu y también la fe, la inquietud y el anhelo de largos años e históricas centurias que fueron acuÂmulando ese acervo de arte, tradición y piedad. Porque la Semana Santa vivarien-se no es fruto de alegre improvisación, de pasajero entusiasmo o de vana ostenta-ción. Es como áureo sedimento de multi-centenaria corriente de espiritualidad, que biota del rico hontanar de fe, cultura, arte e historia vivarienses Las antiguas comuÂnidades religiosas de franciscanos y domiÂnico», ligadas por siglos al desarrollo espiÂritual del pueblo, modelaron y vigorizaron tan precioso legado, dándole categorÃa de permanencia y perpetuidad. Y hoy como ayer, los hijos de Vivero, fieles al pasado, con clara visión y conciencia de responsaÂbilidad, procuran no sólo mantenerlo sino infundirle nueva savia y enriquecerlo con nuevas aportaciones de arte y espirituaÂlidad. Por eso Vivero se siente tan bien en su Semana Santa, en esa tan personal conmemoración de la Pasión y Gloria de Cristo. Como el Apóstol en la visión raÂdiante de la Transfiguración, perece exclaÂmar: «Bueno es quedarnos aquû. Y asÃ, cuando el dÃa florido de Pascua el elogie repicar de les campanas expande el triunÂfo y gozo de la Resurrección, un leve rumor de sutil nostalgia aletea en las almas. SurÂge como un vago deseo de detener la anÂdadura inexorable del tiempo, porque aquella vivencie profunda, Ãntima, entrañable, se va quedando atrás mientras reapaÂrece  el  interrogante  incierto  del  mañana Â
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