| Pregón 1999 |
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  Pero, aunque eso nos complaciera, no serÃa ya apropiado y, además, quedó dicho en su momento con intención de permanencia. La distancia en que hoy me encuentro, no es mucha en el espacio ni en el tiempo, aunque su perspectiva es bien distinta y condiciona.
Dos son las originarias y antiguas parroquias de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Viveiro. Una, dedicada a Santa MarÃa, y la otra, a Santiago Apóstol. Ambas deben su existencia a ese intrépido Apóstol que, aún siendo solamente conocedor y buen conoÂcedor del mar de Galilea, quiso ser el discÃpulo que llevó su misión a las más lejanas tierras y en las que desarrolló su tarea y De esos dos templos románicos, estilo arquitectóÂnico tan unido al Camino de Santiago y por sus trayectos tan expandido, el correspondiente al Patrono de Galicia y de España no se conserva, pero el nacimiento y el desarrollo medieval de la villa son incuestionables y, por tanto, vinculados a la proyecÂción que sobre toda Galicia ejerció el Sepulcro y la atracción de Santiago. Cuando fue puesto en tela de juicio el patronazgo de Santiago, uno de los argumentos esgrimidos por Don Francisco de Quevedo y Villegas, Caballero de la Orden, fue el débito que la España cristiana tenÃa con él por razón de la fe recibida a través de su predicación, protección y definitiva presencia. Cuando en el siglo pasado, el famoso Cura de FruÃme, parroquia del Concello de Lousame, redactó su novena al Apóstol que, con modificaciones y actualizaciones de estilo, es la que a lo largo de los años se ha seguido y todavÃa continúa vigente en la Catedral de Compostela, quiso advertir, en la introducción de la misma, una apreÂciación muy digna de considerar por todos los pueblos de España que, muy justa y acertadamente, veneraban y celebraban a sus santos patronos, y que es sencillamente ésta: sin Santiago no serian posibles ni esos santos ni sus patrocinios. ¿SerÃa posible una Semana Santa en Viveiro sin un Santiago Apóstol en las tierras de España y de Galicia? He aquà una interrogante pletórica de sugerencias y de inquietudes, que nos conduce a básicos planteamientos en torno a una religiosidad popular y a unos fervores y que, además, es oportuna en este último año Jubilar del milenio. En los antiguos textos de los Códices se dice que SantÃago Zebedeo es, en verdad, nuestro padre en la fe cristiana, sin la que no podrÃamos celebrar ni en la intimidad personal y Familiar ni en las manifestaciones públicas y los misterios que son propios de ella y que tan entrañablemente unidos están al devenir histórico de nuestros pueblos. Ni las tradicionales procesiones ni las celebraciones litúrgicas serÃan realidad en nuestra vida religiosa, cultural y artÃstica. Ni la imagen de Juan, el Evangelista, su hermano menor, ni los distintos pasajes de la pasión de Cristo, ni las diversas sensibilidades plasmadas en MarÃa, ni EucaristÃa ni Resurrección, ni la Redención ni la nueva Pascua, pasarÃan por nuestras calles y por nuesÂtros dÃas sin un Santiago, marinero en Galilea y peregrino en Galicia, en España y en Europa, que hizo de la concha de vieira y del cayado pastoril sÃmbolos para un vivir de los hombres en camino. En la Semana Santa de este año Jubilar parece obligado un especial recuerdo de agradecimiento a Santiago, primer testigo singular de Cristo, por ser uno de los más Ãntimos amigos, presente en momentos culminantes, y por ser el primero en derramar martirial mente su sangre por ser el misioÂnero que alcanzó las más distantes tierras, por su proyección en toda Europa, consiguiendo que su Compostela y su Galicia fueran conocidas hace más de diez siglos, y por haber acompañado a los españoles que, de muy diferentes maneras, descubrieran y consÂtruyeron el Nuevo Continente. Me gustarÃa que todos estos pensamientos fueran acogidos por los lectores, viveireses residentes en la ciudad o fuera de ella, con semejante cordialidad a la que, hace un año, dispensaron a las confidencias entrañables y sencillas del Pregón pronunciado entonces, porque hoy, en estos apuntes, como ayer, en la solemnidad inaugural de la convocatoria, mis palaÂbras pretenden el diálogo amistoso y humano, el que entablan los amigos sobre cuestiones que afectan a un interés común que, por el intercambio, se hace mas compartido. De aquà al milenio que llega, reafirmando aún más convicciones y creencias, costumbres y tradiciones, Viveiro y los viveireses, mirarán para San Roque y subirán para hacer la romerÃa, desfilarán por sus rúas históricas y señoriales celebrando la Gran Semana y portando, con recogimiento y cristiano orgullo, las bellas imágenes de sus templos y CofradÃas, manteÂniendo siempre en pujanza y como preciada herencia colectiva sus demostraciones de fe y de piedad que tienen sus raÃces en un Apóstol, amigo del Señor y Patrono muy especial de Galicia. |